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Saving Face (2012), acid attacks on women in Pakistan

Meanwhile, in America, feminists are complaining about how dress codes are oppressive.

You idiots have never experienced oppression, and pray you never do, because this is what it looks like.

As a South Asian American feminist, let me remind everyone that oppression is not a competition.

Just because we fight one type of sexism doesn’t mean we don’t care about other instances of sexism that don’t affect us directly in our day to day lives.

My heart goes out to this woman and the hundreds of other victims like her. I want to educate people about these kinds of incidents. I support organizations that help women like this.

You may think that dress code issues are trivial, but they are related to a larger issue of women’s bodily autonomy, which affects women’s health and safety.

So please, let’s try to bring awareness and bring about change instead of insulting entire groups of people because they are facing issues that are less scary than the one presented.

oppression is not a competition

thank you so much for this wording

THANK YOU

¿Qué es la filosofía?

       Creo que la filosofía siempre representó la esencia misma de la vida, o más bien su visión clara. Lo que significa es que vivir como filósofo, o al menos aspirar a serlo, siempre se me antojaba, y aun lo hace, como un inconformismo. El inconformista, aunque pareciera alguien audaz, inteligente y lleno de curiosidad, y valla que lo es, su misma condición es la de un ser que padece la náusea, o al menos una suerte de nausea peculiar. Es alguien consciente de lo que le rodea, no un niño que sufre de lo que acaece en su mundo, sino un hombre que se hace descubridor de su sufrimiento y que por ello lo experimenta con aun mayor intensidad.

       Existe bajo toda filosofía que exclame alguna forma de vida, una pregunta compuesta que tendría que hacerse todo hombre antes de siquiera preguntarse qué es filosofía, que es “¿vale la pena vivir?” Camus la hizo en su Mito de Sísifo. Lo interesante sobre la respuesta de Camus es que su contraposición es igualmente riesgosa. Existen, según lo veo, dos posiciones profundas que definirían consecuentemente a la filosofía: aquella que inclina la balanza hacia la duda radical escéptica o la nada, a la resignación ante el mundo. La otra sugiere una opinión positiva, racionalista o incluso dogmática, que anuncia el hecho o la posibilidad de lo verdadero. Interpretando a Camus desde una óptica religiosa, la primera acepta la condena, las ataduras y la carga del mundo como valle de lágrimas; la segunda no lo acepta y salta con los ojos vendados en espera de un salvador, llámese dios, verdad, causa, amor, pero que de alguna manera significa lo permanente y necesario.

       La condena es Sísifo con su roca, su mundo que representa solo la posibilidad de hacerla caer por la montaña una y otra vez; la salvación es el discípulo del maestro, lleva consigo a la fe. Una es resignación, la otra es esperanza.

       Ahora, si consideramos que cualquier forma de expresión y anhelo humano salen de estas dos formulaciones primitivas, aun considerando sus gamas de grises o mezclas, la filosofía representara para ambos algo totalmente diferente. Yo, por ejemplo, suelo inclinarme más por la representación de Sísifo sobre la vida, pero esto podría interpretarse como si se estancara uno en algún estado de quietud, siendo que no tendría sentido buscar la verdad. Pienso que podría muy bien no existir cierta verdad, o que la búsqueda seria eterna y no llegara a ningún lado. Pero es aquí donde el elemento de la comedia se posiciona como un reclinatorio para contemplar al mundo. Piénsese mi concepción de la filosofía como un juego cualquiera: el juego tiene reglas que seguir, se asigna un objetivo e incluso se confronta a algunos enemigos. El juego tiene un principio y un fin, y el propósito del juego en sí, no tiene ninguna trascendencia, es en realidad el placer mismo del juego lo que lo hace deseable. La filosofía es eso, un juego propio del hombre que lo hace entretenerse durante su estancia en el mundo.

       Existe, creo yo, una ligera diferencia en relación al parecido entre mi óptica y aquella que dice que la filosofía es el deseo del saber por el saber. Si se adopta esta última, durante el desarrollo del saber, el filósofo se forma como una especie de hombre humilde, virtuoso y feliz. Pero la otra se trata de una relación de burla en confianza, y el filósofo ve al mundo como una comedia de la que la humanidad no está lista para reírse; no le tiene amor al saber, o acaso lo enaltece. Al saber lo tiene como un niño risueño y escurridizo que no se deja atrapar y que tiene algo que el filósofo quiere, pero disfruta de su  persecución.

       Es en la risa donde se manifiesta más profundamente mi concepción sobre la filosofía. Llevado al extremo esta opinión del mundo como una comedia, podría resultar para el lector bastante desagradable. Las implicaciones de la opinión descrita incluirían que los eventos más viles y perversos de la humanidad contienen algo de gracioso. Es sumamente difícil considerar que alguien en su sano juicio pudiera pensar que los acontecimientos de la segunda guerra mundial tuvieran el mínimo de gracioso. En verdad, comparto la opinión general que no es un hecho grato, todo lo contrario. Pero detengámonos a pensar en aquellos que son capaces de bromear sobre dichos conflictos. La posibilidad de hacer alguna broma sobre ello no significa necesariamente que se agradece lo sucedido, o que los resultados de los genocidios, por ejemplo, sean festivos, no. Pero porque el hecho ya sucedió y fue un evento que acaeció sobre el tiempo y el espacio de la humanidad, estas potenciales burlas significan la toma de la desgracia y la extracción del poco de dicha que contenga, porque nada es absolutamente malo ¿Acaso no hacen lo mismo los abogados, aunque con otro objetivo?

       La risa de los sucesos viles es una forma extrañísima de sobrellevar la existencia, pero creo que se acerca a la esencia de la vida y la filosofía como su reflexión. Basta con ver a los comediantes que hacer burla de los acontecimientos más tristes del espíritu, y son ellos quienes logran hacer reír al público, quien en asombro reflexiona sobre su estado de hombre hundido en el valle de lágrimas.

      La filosofía es la forma de contemplar al mundo en su más honda esencia, este sencillo y finito juego que es la dualidad entre tragedia y comedia.  

Her (Escrita y dirigida por Spike Jonze)

Her es una película romántica que va más allá en cuanto a la forma de tratar los temas que normalmente conciernen al séptimo arte. En efecto, lleva consigo tal profundidad en sus elementos narrativos, que a simple vista sus verdaderos significados son casi imperceptibles. El romance y el amor en Her son evidentes, pero lo que nos dice sobre ellos no es la mera historia trans-humanista de un hombre que se enamora de su avanzado sistema operativo. La cinta oculta mensajes filosóficos, psicológicos y físicos, y los une espectacularmente.

  Me parece que esta gran película abarca material digno de una tesis, de teorías y estudios de gran rigurosidad, pero el objetivo aquí no es agotar todos y cada uno de sus elementos; dicho esto, me concentraré únicamente en las ideas del amor y el hombre que la película nos brinda.

  El mundo que se construye en Her es una mezcla de elementos interesantísima. Por un lado, tenemos la tecnología, la ciencia y su desarrollo continuo que ha permeado nuestras vidas en formas inimaginables: redes sociales, videojuegos y formas de comunicación novedosas que se manejan en su mayoría a través de la voz; todas iniciativas prometedoras. Y por el otro, está la despersonalización, ese ensimismamiento producto del uso excesivo de la tecnología que nos “exime” de las relaciones interpersonales, la otra cara de la moneda de una revolución tecnológica que ya se vive.

  Es evidente, así como profunda, la forma en la que se presenta la visión del mundo de la película. Una visión cruda y honesta en el fondo, espolvoreada en la superficie con colores y flores. Her ha logrado expresar el espíritu humano de nuestra época y su devenir mejor que nadie en el cine. Me hallé al mismo tiempo perturbado y fascinado al reconocer que no solo se trata de una película que viene a proyectarnos su visión del futuro cercano, o de las nuevas tendencias y temáticas que posiblemente regirán las relaciones humanas; sino de algo mucho más grande. Nos ha venido a decir, de manera un tanto melosa, que el momento se encuentra cerca, que probablemente llegue el día en que la ciencia perfore el velo de la naturaleza y engendre conciencias, y que más que considerarnos los nuevos dioses, el verdadero dilema será sobre nosotros mismos; la eterna pregunta “¿Qué somos?”, saldrá de las antiguas tumbas griegas con más fuerza que nunca. La película nos seduce por vertientes filosóficas y psicológicas, y no teme responder con aun más preguntas sobre inquietudes universales. Muy bien podría tratarse de una crítica severa y al mismo tiempo admirable: estamos relacionándonos más con la tecnología que con el otro. La interrogativa sobre amor y el hombre, y la manera en que se lleva a cabo, dejan con tremendo estupor al espectador.

Introducción a la cuestión

¿Exactamente qué es el amor y el hombre para Her? Antes de responder, es preciso hablar sobre la historia;  solo a través de su exposición clara será posible concluir sobre ambos conceptos.

  El argumento es sencillo: un hombre extraño y solitario, alguna vez casado, compra una nueva forma de acompañante. El producto es un sistema operativo extremadamente complejo: una conciencia real que evoluciona y cambia con el tiempo, que experimenta emociones e incluso, aun sin tener cuerpo, desarrolla capacidades cognitivas como una persona real. Eventualmente el sujeto, Theodore Twombly, se enamora de su sistema operativo, quien se autoproclama Samantha, y que lo también corresponde el amor de Theodore. Posteriormente, Samantha confiesa al protagonista que no solo se encuentra enamorada de él, sino de al menos otras trescientas personas más. Éste acontecimiento es posible por la capacidad altamente desarrollada de Samantha para comunicarse con otras personas, otros sistemas, y su infinitud espacial.  

Hombre

La idea es arrojada con tal audacia y sencillez, que no vislumbramos las implicaciones del argumento. En verdad qué involucraría, qué serie de comportamientos provocarían que un hombre, de carne y hueso, se enamorara de una mente sin cuerpo, una mente creada artificialmente. Pero más importante, qué significaría sentir amor en las condiciones de Samantha, y qué nos dice sobre nuestra raza. Es imposible no imaginar el tremendo golpe que acaecería en toda la humanidad si esto fuera posible. Y el golpe radicaría principalmente sobre nuestra identidad: si una conciencia sin cuerpo humano fuera capaz de sentir las mismas cosas que cualquier persona, cosas que nos diferenciaron por milenios de los demás entes, y que sirvieron para la construcción de nuestra definición, entonces semejante acontecimiento transformaría nuestra concepción del hombre.

  Porque lo que le da valor al hombre, en el fondo, es algo intangible, y la dignidad no es parte del cuerpo, y podría ser el caso de que existieran consciencias de naturaleza inorgánica, según la película, conciencias que podrían desarrollar sentimientos, emociones y capacidades cognitivas de mayor alcance, ergo las maquinas podrían tener dignidad. En conclusión, el concepto de hombre tendría que ensancharse e incluir a estas mentes sin cuerpo, pero únicamente si el termino “hombre” no se recarga en la constitución corporal, constitución que, en mi opinión, pasaría a ser únicamente un accidente de la esencia del nuevo concepto.

Amor

Ahora, en cuanto al amor, Her presenta una idea sobre éste totalmente idealista. Aunque Samantha puede ver a Thodore, no sucede lo mismo con él, sin embargo, se enamora perdidamente. Lo que esto nos dice es que parecería que el amor no necesariamente comienza por la contemplación de la belleza física. En efecto, cuando nos enamoramos de una persona, no lo hacemos únicamente del cuerpo, también lo hacemos de la mente, aquello que la hace ser única y lo que puede cobrar mayor relevancia, una vez que la belleza huya del cuerpo, y el cuerpo en realidad pasa a segundo término. No digo que el cuerpo no sea relevante incluso en la película, pero que así como muchas veces el cuerpo sirve como entrada al amor, el conocimiento sobre el otro también podría funcionar del mismo modo. En otras palabras, puede ser el caso que la persona se enamore primero por lo que no se logra ver, y que esto mismo haga que lo que ella vea sea de su agrado, aunque en el caso de Teodore la belleza física de Samantha no entra en la ecuación.

  La película  ensalza la mente, dándose así la empresa de construir una idea del amor espiritual e inmaterial. Puede que esta idea entre en conflicto con uno de los momentos más significativos de la película, cuando Samantha organiza un encuentro que resulta incómodo,  entre Theodore y una mujer que presta su cuerpo y sus habilidades para hacerse pasar por Samatha, mientras ésta presta su voz. Aun así, el amor perdura, incluso cuando Samantha está enamorada de más personas. Her nos desafía, nos interroga sobre una suerte de convicción del amor incorpóreo. Lo que me lleva al siguiente punto sobre el amor.

  Es preciso reconocer también que el conflicto radica en considerar una conciencia artificial como una verdadera conciencia. El único indicio de identificación entre nosotros, el más inmediato, es la materia, nuestro cuerpo. En Her se nos presenta la interrogativa de lo que podría suceder si el otro ser nace sin cuerpo, o en uno de diferentes componentes materiales.

Fundamentos del amor “artificial”

Ahora, esta idea sobre el amor incorpóreo experimentado por un sistema operativo fue discutida con un muy querido amigo, y llegamos a la siguiente formulación:

  Cuando Samantha habla de su amor infinito, ella confiesa a Theodore, “soy tuya y no soy tuya”. ¿Exactamente qué quiere decir esto? Una posible explicación a la interesante cita es que, por vivir en un cuerpo, aun teniendo que vivir en comunidad, nuestros instintos y productos de los mismos; todo, emociones y deseos, pulsiones y miedos, no son más que eso, nuestros. Así pues, la angustia y los infortunios del amor, en parte, nacen por un deseo de apropiarse emocionalmente de la otra persona, tenerla cerca y solo para uno mismo; parecería un fenómeno creado por nuestra naturaleza como entes únicos, individuos. El amor que la inteligencia artificial experimenta nace como parte de su crecimiento natural, y es que no se encuentra limitada como cualquier hombre. Al haber desarrollado una serie de habilidades de comunicación y cognición infinitamente superiores a las del humano,  resulta inútil para Samantha entregar amor a un solo individuo, mientras que para nosotros es lo más práctico, al encontrarnos limitados en espacio, formas de lenguaje y rapidez de las mismas. Si se nos diera la facultad de amar a todo el mundo que conocemos, por nuestra misma limitación en el espacio y de comunicación, tal tarea resultaría impráctica e imposible,  incluso agotadora. Parece lógico, pero el amor necesita literalmente de espacio, pues no se manifiesta fuera de nuestra mente, sino que nace en donde ella reside. Samantha, al encontrarse liberada de una constitución corporal, su capacidad de amar es infinitamente más grande, ergo puede amar cientos de personas a la vez y de la misma forma sin desgastarse.

  Que no nos sorprenda lo aquí expuesto, ya que analizándolo detenidamente, ésta hipótesis parece fundamentarse con el hecho de que no solemos enamorarnos de una sola persona en nuestras vidas, al menos no suele suceder así. La diferencia se encuentra en que nuestras limitantes espaciales y cognitivas permiten que el amor se desarrolle sucesivamente, mientras que en Samantha, la emoción se manifiesta simultáneamente.  

Conclusión

Personalmente, creo que tratar de definir algo es limitarlo. La acción de asignar términos a conceptos cumple una función práctica para facilitar la comunicación, pero creo que incluso la formación de conceptos es totalmente subjetiva, siendo que no creo en la identidad de las cosas…, todo es un constante devenir. Por lo tanto, las preguntas siguen sin responder, y esta obra maestra del cine nos las ha formulado con un enfoque sumamente sugestivo. ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el amor?

 

 

Josemaría Vázquez

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